La mañana aún no se decide entre la niebla y el sol cuando los primeros pasos rompen el silencio de los caminos de terracería. Vienen de lejos, de comunidades que en los mapas son apenas un suspiro, pero que en la memoria de la tierra existen desde antes de que existieran los nombres. Por Luz del Alba BELASKO Vienen caminando, como caminaron sus abuelos y los abuelos de sus abuelos, algunos de pies descalzos o calzados con huaraches que conocen el polvo de cada vereda. No hay prisa. En el andar de estos peregrinos habita un tiempo distinto, un tiempo que no se mide en horas sino en promesas. Las flores que cargan no son adornos: son palabras. Cada pétalo es una sílaba de gratitud, cada vara de gladiola un rezo vertical que apunta al cielo. Los cirios, aún apagados, guardan en su cera la paciencia de la espera. Saben que arderán cuando el momento llegue, cuando la sombra del templo los cobije y el Padre Eterno reciba, en el lenguaje mudo del fuego, todo aquello que las bocas no saben d...
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