MOISES La hidra no muere: el zapatismo actualiza su diagnóstico (y su llamado)


El zapatismo sigue siendo un referente global, no por su capacidad militar —que ya no ejerce—, sino por su persistencia conceptual. 

Por Luz del Alba BELASKO  texto y fotografía

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, no es solo un destino turístico o un escenario de memoria. Es, desde hace tres décadas, un laboratorio de pensamiento crítico que insiste en negarse a caducar. La quinta sesión del Semillero "Guerra contra la Humanidad" anda en eso: el zapatismo no está en retirada teórica, sino en plena actualización diagnóstica. Y su conclusión es tan lúcida como incómoda: la hidra capitalista no ha sido derrotada, sino que se ha metamorfoseado. El enemigo ya no usa el mismo rostro.

Quien espere en estos encuentros un discurso anclado en los años noventa se llevará una sorpresa. 

El historiador Carlos Alberto Ríos Gordillo lo planteó con claridad: la resistencia no puede limitarse a leer las huellas del enemigo, porque el enemigo también ha aprendido a leer las nuestras. La metáfora de la "contrahistoria rebelde" que propuso no es un ejercicio académico, sino una herramienta de inteligencia colectiva. Se trata de anticipar, no solo de reaccionar. 

Pero el diagnóstico más punzante vino de la mano del sociólogo Mateo Cross Aniel. Mientras el debate público se distrae con la inteligencia artificial como promesa de futuro, Cross Aniel desnudó su presente incómodo: los algoritmos no eliminan el trabajo, lo vuelven invisible. Millones de "trabajadores fantasma" etiquetan datos desde sus casas, sin contrato, sin prestaciones, sin que su tiempo muerto cuente como jornada. Es la explotación del siglo XXI, y ocurre en la economía formal, pero sin los ropajes de la fábrica. Y al fondo, siempre, la concentración de la riqueza. Cross Aniel puso nombres y apellidos: BlackRock, Vanguard, State Street. "La tríada satánica", las llamó. No son conspiradores ocultos, son accionistas mayoritarios de las petroleras, farmacéuticas y tecnológicas que deciden el rumbo del planeta. 

La crítica ya no es al capitalismo industrial, sino al financiero-tecnológico, y su capacidad de extraer valor sin generar derechos. El común como práctica, no como utopía 

El cierre del Subcomandante Insurgente Moisés fue, como suele ser, directo y sin concesiones. 

Señaló al programa "Sembrando Vida" no como un error de diseño, sino como una continuidad del despojo: "Primero los pobres, pero para joderlos". Esa frase, dura, condensa una visión: el Estado no es un aliado, incluso cuando dice ayudar. 

Y sentenció que el capitalismo no se humaniza, porque es inhumano por naturaleza. Frente a eso, propuso construir el "común". Pero con una advertencia: no como una idea abstracta, sino como una práctica cotidiana. No se trata de expropiar por decreto, sino de producir y compartir desde abajo. Es una diferencia sustancial con el discurso estatista que domina la izquierda institucional. 

El zapatismo, en este punto, se distancia tanto del neoliberalismo como del desarrollismo gubernamental. ¿Qué significa esto para México y el mundo? La presencia de 27 países y más de 645 inscritos no es un dato anecdótico. 

El zapatismo sigue siendo un referente global, no por su capacidad militar —que ya no ejerce—, sino por su persistencia conceptual. 

En tiempos donde la izquierda europea navega entre la socialdemocracia y el populismo, y la latinoamericana entre el pragmatismo y el caudillismo, el pensamiento zapatista ofrece una tercera vía: la autonomía organizada, la crítica sin concesiones y la acción colectiva como horizonte. Ríos Gordillo cerró con una frase que merece subrayarse: no vino a dar una conclusión, porque eso sería creer que ya entendió todo. Vino a sembrar una semilla.

Y la historia, agregó, hay que seguir escribiéndola desde abajo y a la izquierda. Esa humildad epistemológica, esa negativa a erigirse en vanguardia iluminada, es quizás el mayor activo del zapatismo. No ofrece recetas, ofrece preguntas. No promete futuros perfectos, convoca a construirlos.

 En un país donde el debate público se polariza entre apologistas y detractores del gobierno, esta voz mantiene una incomodidad necesaria: la del que no se alinea con nadie, pero tampoco se calla


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¿Qué vamos hacer?, cuestionó una y otra vez el comandante insurgente Moisés durante el tercer día del «Semillero de guerra contra la humanidad» que se celebra en Cideci-Unitierra, en las montañas de los Altos de Chiapas . “(...) nosotros no creemos que se pueda humanizar al sistema y quien dice eso, por qué no lo humanizaron al Trump de lo que está haciendo junto al Netanyahu de Israel. Que lo humanicen eso y si no que no vengan con su chingadera de que se puede humanizar al sistema capitalista”. “…Porque nos convoca un crimen hecho sistema”.