El pensamiento de Susan Sontag sobre la imagen, y específicamente sobre la fotografía, es una de las contribuciones más importantes a la crítica cultural del siglo XX

Su análisis es profundo, crítico y sigue siendo increíblemente relevante en la era de las redes sociales y la sobreestimulación visual.

Sontag aborda la imagen no desde una perspectiva técnica o estética pura, sino como un fenómeno ético, político y social. Sus ideas centrales se desarrollan principalmente en dos libros: “Sobre la fotografía" (1977): Una colección de ensayos que es su obra seminal sobre el tema. Y “Ante el dolor de los demás" (2003): Una reflexión posterior que matiza y profundiza su pensamiento sobre las imágenes de guerra y sufrimiento.

Ahí están los pilares de su pensamiento sobre la imagen en la sociedad moderna: La Fotografía como Instrumento de Poder y Apropiación en donde Sontag argumenta que fotografiar es un acto de apropiación. La cámara es una herramienta que nos permite tomar posesión de lo que está en nuestro marco, convirtiendo la experiencia en una imagen que podemos archivar, coleccionar y controlar.
La otra es la “Domesticación de la Realidad”: La fotografía nos permite "domesticar" experiencias aterradoras, exóticas o complejas al convertirlas en un objeto bidimensional. Nos da una sensación de falsa familiaridad con cosas que no comprendemos del todo.
El “Turismo con Cámara”:El turista que fotografía un monumento no solo lo está registrando, sino que está afirmando su presencia y su derecho a poseer esa experiencia visualmente. "Hacer una foto" se convierte en la forma moderna de certificar que "estuvimos allí".
La Estetización de la Realidad (y del Sufrimiento) Este es uno de sus puntos más cruciales y polémicos. Sontag plantea que la fotografía, por su propia naturaleza, convierte todo en arte. Al enmarcar, elegir el ángulo y el momento, el fotógrafo transforma la realidad cruda en una composición estética.


Y viene “El Peligro Ético”: Esto es especialmente problemático con imágenes de horror, guerra y sufrimiento. Una foto poderosa de una hambruna o una guerra puede ser tan bella compositivamente que corre el riesgo de hacer que el espectador admire la imagen en lugar de conmoverse por el dolor que representa. El sufrimiento se convierte en un espectáculo.
“Belleza del Dolor"? Esto crea una paradoja: nos horrorizamos por el contenido, pero podemos quedar fascinados por la forma. Esta estetización puede anestesiarnos éticamente.

Y lo más cuestionado “La Sobreexposición y la Atrofia de la Experiencia” Sontag fue visionaria al predecir el efecto de la saturación de imágenes.
Ahora con las redes sociales, internet y acceso a la mundialización que entra en esta “Economía de la Atención” Vivimos en un mundo donde estamos bombardeados por miles de imágenes diarias. Esta sobreabundancia, lejos de sensibilizarnos, nos vuelve cínicos e insensibles. La repetición de imágenes de catástrofes termina por vaciarlas de su impacto emocional real.
· Sustitución de la Experiencia: Tendemos a experimentar el mundo a través de la lente de la cámara. En lugar de vivir un momento directamente, nos preocupamos por cómo capturarlo para luego compartirlo o recordarlo. La imagen se interpone entre nosotros y la experiencia real. "Hoy todo existe para terminar en una fotografía", escribió.
La Imagen como Fragmento Descontextualizado
Una fotografía arranca un momento de su flujo temporal y lo congela. Por sí sola, una imagen no narra una historia; la detiene.
Falta de Contexto: Una foto muestra qué pasó, pero rara vez explica por qué pasó, qué sucedió antes o qué vino después. Su significado es inherentemente inestable y puede ser manipulado a través de pies de foto, ideologías o marcos narrativos.
Interpretación Política: Las imágenes son armas políticas. Un mismo evento puede ser fotografiado de maneras diametralmente opuestas para servir a diferentes agendas. La imagen es poderosa, pero muda sin un contexto que la interprete.
Una Evolución en su Pensamiento: "Ante el dolor de los demás"
Tras los atentados del 11-S, Sontag reconsideró parte de su escepticismo inicial. En este libro, matiza su idea de la insensibilidad. La Necesidad de las Imágenes: Reconoce que, a pesar del riesgo de la estetización, necesitamos imágenes del horror. Son cruciales como prueba de que ciertos crímenes ocurrieron (como el Holocausto o las masacres en Bosnia) y para despertar la conciencia moral de quienes están lejos del sufrimiento.
La Responsabilidad del Espectador: El problema no está solo en la imagen, sino en cómo miramos. Sontag argumenta que debemos aprender a observar de manera crítica y ética, preguntándonos por el contexto y nuestra responsabilidad ante lo que vemos. La imagen puede ser una llamada a la acción, no solo al consumo pasivo.
Vigencia en la Sociedad Moderna (Redes Sociales) El pensamiento de Sontag es más relevante que nunca:
La "Sontagización" de Instagram: Vivimos en la máxima expresión de "todo existe para terminar en una foto". La vida se convierte en un escenario para ser fotografiado (#aesthetic)
El Like como Validación: La búsqueda de la imagen estéticamente perfecta domina nuestra experiencia social.
· Saturación e Insensibilidad: Nos llegan imágenes de guerras (Ucrania, Gaza) junto a selfies y publicidades en la misma feed. El efecto de anestesia que ella describió se multiplica exponencialmente.
Descontextualización Masiva: Las imágenes se viralizan sin contexto, son memificadas y utilizadas para narrativas opuestas, confirmando su advertencia sobre la fragilidad de su significado.
En conclusión, Susan Sontag nos enseñó que las imágenes no son ventanas transparentes a la realidad, sino constructos cargados de intención, poder y ambigüedad. Su legado es una advertencia permanente a no consumir imágenes de forma ingenua, sino a interrogarlas críticamente, preguntándonos quién las hizo, por qué, y cuál es nuestra responsabilidad como espectadores en un mundo inundado de ellas.
Por Belasko Journaliste