La oaxaqueña se ha convertido en la primera profesional del Derecho transgénero reconocida legalmente en el estado, un hito que sella una larga batalla contra los prejuicios y la incomprensión institucional.
Viajando por el mundo MUXE
Por Luz del Alba BELASKO
La oaxaqueña se ha convertido en la primera profesional del Derecho transgénero reconocida legalmente en el estado, un hito que sella una larga batalla contra los prejuicios y la incomprensión institucional.
Juchitán, Oaxaca. – En el mundo muxe, un universo de tradición y resistencia en el Istmo de Tehuantepec, las transformaciones son a menudo una verdad ancestral. Pero la de Melissa Mijangos Boijseauneau es una metamorfosis que ha tenido que abrirse paso a codazos frente a la ley. Arturo, el nombre que le fue dado al nacer, murió simbólicamente hace algo más de diez años, cuando ella, recién egresada de la universidad, se enfrentó a la disyuntiva de existir o desaparecer. De aquel joven abogado hoy solo queda un título universitario que, tras una lucha titánica, ahora lleva su nombre verdadero: Melissa.
“En absoluto tengo problemas con mi profesión; ya me conocen y litigo para todos y cualquier tema”, afirma con una seguridad que contrasta con los murmullos que a veces la siguen por los pasillos de los juzgados civiles y penales de Oaxaca. Su presencia, una figura femenina de un metro ochenta y cinco, esculpida con “un gran esfuerzo” sobre un físico masculino, se ha normalizado. Camina con entereza, desafiando las miradas de rechazo, armada con un título de licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y, lo que es más crucial, con la cédula profesional 9790928, extendida ese año por la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Frente al reflejo de un cristal, sus ojos coquetos delatan una satisfacción íntima. Mientras se arregla con la habilidad de quien ha practicado durante toda una vida, recuerda que supo desde niña que habitaba un cuerpo equivocado. “Solo quería ser Melissa”, confiesa, acariciando su larga cabellera lacia, que a veces lleva rizada o más corta. Supera hoy los 40 años, y la adolescente que anhelaba escapar de sí misma ha dado paso a una mujer que ha conquistado su lugar.
A diferencia de muchas de sus compañeras en agrupaciones como “Conquistando Corazones” –colectivo desde el cual ha presentado una iniciativa de ley ante el Congreso del Estado para el reconocimiento de la identidad de género–, Melissa decidió romper los paradigmas profesionales. No se conformó con los oficios a los que suele estar relegado el colectivo trans. Quería ser abogada. Y lo es.