La reciente visita de Paco Ignacio Taibo II a Chiapas, bajo la bandera de "fomentar la lectura y la paz", se ha topado con una pared de indignación legítima que pone en evidencia una profunda contradicción en su figura como director del Fondo de Cultura Económica (FCE).
Lejos de ser recibido únicamente con aplausos, su presencia confronta en redes por colectivas feministas, desvelando la brecha abismal entre su discurso público institucional y sus acciones y palabras en el ámbito privado y profesional.
por Luz del Alba Belasko
La Paradoja de la "Paz" sin Paz Interna
El primer punto de crítica es la evidente paradoja. ¿Cómo puede ser un vocero creíble de la paz alguien que ha dirigido un lenguaje violento y despectivo hacia las mujeres? La paz no es solo la ausencia de conflictos armados; es también la construcción de un tejido social basado en el respeto, la equidad y la dignidad de todas las personas. Las declaraciones de Taibo, donde tildó un poemario de "horriblemente asqueroso de malo" por el simple hecho de estar escrito por una mujer, son un acto de violencia simbólica.
Fomentar la lectura no puede desligarse de fomentar el respeto hacia quienes escriben y leen. La paz que se predica en un foro público se desmorona cuando, en la trastienda del poder cultural, se siembra desprecio y misoginia.
El Uso del Estado y la Lavada de Imagen
La crítica se agudiza cuando observamos el uso de la infraestructura estatal. El FCE es la editorial pública más importante de México, un bastión de la cultura que debería ser ejemplo de inclusión y excelencia.
Desde CDMX ; Las activistas, agrupadas como 'Las horribles', han señalado con precisión un punto neurálgico: Taibo utiliza la plataforma y los recursos del Estado para proyectar una imagen de promotor cultural benévolo, mientras que su comportamiento perpetúa estructuras de poder machistas.
Su gira por Chiapas, con gran cobertura y respaldo de autoridades, puede leerse como un intento de subir su "rating" o de lavar su imagen después de las polémicas generadas.
Esta estrategia, sin embargo, es percibida como un insulto por quienes han sido víctimas de sus comentarios y por quienes luchan contra la misoginia en el ámbito cultural. La pregunta es obligada: ¿las autoridades que lo reciben con honores están avalando, por acción u omisión, su comportamiento misógino?
La Legitimidad de la Protesta y el "Ultimátum" Ético
El pronunciamiento de 'Las horribles' no es un simple reclamo; es una "condena pública" fundamentada. Su exigencia de que Taibo tenga la "dignidad" de renunciar no es un capricho, sino una demanda ética. Cuando se dirige una institución cultural, se debe tener un estándar de conducta irreprochable, especialmente hacia los grupos históricamente marginados, como las mujeres escritoras.
El "ultimátum" de señalarlo como "el misógino institucional" donde quiera que vaya es una herramienta de accountability ciudadano. Refleja un hartazgo ante la impunidad con la que las figuras poderosas del ámbito cultural pueden violentar a otras sin enfrentar consecuencias reales. No se busca censurarlo, sino que rinda cuentas y que su puesto no sea un escudo para la misoginia.
Así pues, la visita de Taibo II a Chiapas es un episodio más de una crisis de legitimidad que él mismo ha generado. Pretender fomentar la paz mientras se es señalado como promotor de un lenguaje de odio y desprecio hacia las mujeres es, como mínimo, una contradicción insostenible. La crítica aquí no es solo a un hombre, sino a un sistema que permite que una figura pública utilice la máquina del Estado para blanquear una actitud profundamente dañina.
La paz y la cultura no se construyen repartiendo libros en actos protocolarios, sino con coherencia, respeto y una auténtica voluntad de escuchar y enmendar los errores. Mientras esa coherencia brille por su ausencia, la sombra de la misoginia seguirá opacando cualquier discurso sobre la paz que intente promover Paco Ignacio Taibo II.